30 d’octubre, 2011
Dos por uno
Lo véis?
Él cerró su ojo izquierdo. Ella, su ojo derecho.
Lo véis?
Él sonrió, levantando la comisura derecha de la boca hacia el sol. Ella levantó la comisura izquierda de la boca hacia la nube.
Lo véis?
Así sonrieron. Con una sonrisa larga, que cruzaba las dos caras, y unieron ese paisaje en una sola mirada.
Lo véis?
29 d’octubre, 2011
Secretos en voz baja
No me muero por él. No me muero por las cosas que nos quedan por vivir.
No me muero por Maria, Iban, Txell, Oriol, Mercè. No me muero por Núria y Patri.
No me muero por Arnau, Roger, Laura, mi padre y mi madre.
No me muero todavía porque no me da la gana.
Pero sobretodo, por encima de todo, no me muero por mis abuelos.
Ellos ya no están, y todavía es demasiado pronto para juntarme con ellos.
Tendría pocas cosas para contarles.
08 de juliol, 2011
24 de març, 2011
El gran viaje
Ya de pequeño hablaba de los viajes que haría cuando fuera mayor y "tuviera un sueldo digno de un ministro". Así lo decía él.
Ahora, 32 años después, tenía la casa llena de objetos de países: una figura de una mujer mulata y culona fumando un habano, una jirafa, un budha, unas muñecas rusas, una Tour Eiffel, una bola de nieve con la Casa Blanca, un maori, un gorro mexicano, una maqueta del Maccu Piccu, unas pirámides, fotos de Petra, un canguro de peluche que decoraba la cabecera de su cama, un kimono...
Era su historia, la historia que contaba cuando conocía a alguien, para hacerse el interesante, el sabido, el cultivado y el viajado. Era la historia de un viaje vacío, sin recuerdos reales, pero con detalles sacados de lecturas, relatos, libros, noticias, internet...
Viajes nunca hechos, con recuerdos provinentes, directamente, del todo a cien de la esquina de la c/ del Pecado.
17 de febrer, 2011
Pink Pill
90-15-44-2.
Se las mandaron a casa. Las abrió como un tesoro, algo sagrado, como si fueran las últimas del universo. Depositaba todos sus pensamientos positivos en esas pastillas. Al fin y al cabo, peor no podía ir. Qué más daba, entonces, tomarlas? Como mucho, pensó ella, le darán sueño.
Días después los colores de los muebles de casa habían cambiado a sus ojos: tenía una cómoda rosa en la habitación, unas estanterías rosas y el secador de pelo era rosa también. Pero su vida era igualmente dura, aburrida y penosa.
A la semana las sábanas eran rosas. Treky, su perro, también. El café del desayuno, las tostadas y el jamón york (bueno, eso seguía igual que siempre). La mantequilla ahora parecía manteca colorá. Y su vida era igual de deprimente.
Al mes, su pelo era rosa, sus manos, sus uñas, sus dientes. Y su vida, gris, seguía sin cambiar.
No me harán ningún mal, se repetía ella. Y mientrastanto, la vida pasaba y Flor seguía sin ser feliz, preocupada, tansolo, de hacer su mundo rosa.
09 de gener, 2011
Carme
Me acuerdo de su perro, Black.
Me acuerdo de las conversaciones de los miércoles después de clase.
Me acuerdo de sus consejos, de la calma que transmitía cuando hablaba, de las risas que nos echamos esperando el bus.
Me acuerdo de su lucidez, de su claridad, de su visión óptima de las cosas, apesar de ser ciega.
Carme, allà on siguis, que sàpigues que encara et recordo.
14 de desembre, 2010
Pequeña mota marrón
No era su mirada, no era cómo hablaba, ni cómo se movía, ni siquiera era cómo la trataba. Pero tenía ese "nosequé" que la volvía loca.
Cuando se abrazaban, a ella se le erizaban los pelos, y le encantaba ver cómo sucedía eso. Pensaba: "miles de erecciones en un cuerpo de mujer".
La piel oscura del muchacho cubano era lisa, tersa, casi sin vello, suave, y la rozó tantas veces, tantas noches y mediodías, que cuando dejaron de estar juntos, meses después de la primera vez, a ella le salió una peca en el muslo.
Su recuerdo. Su huella. Una parte de ese cuerpo mulato.
22 de novembre, 2010
A altas horas de la madrugada
15 de novembre, 2010
13 d’octubre, 2010
APM
- Toctoc, dijo él.
Después de 6 años volvían a hablar.
- Pase pase, contestó ella.
Entretanto, habían cruzado escasas palabras vía redes sociales. Habían dicho alguna que otra vez de volverse a ver. Habían mandado recuerdos al otro a través de sus padres.
Pero hasta ese día, y a pesar de las heladas, que aparte de enfriar la ciudad también habían enfriado sus corazones y sus recuerdos, no se habían dicho nada aun.
Se vino una sangría, otra, una cena con vino y sin postre, algunas pintas de cerveza y un par de chupitos a los que les habían invitado por el hecho de entrar en ese bar irlandés.
-O puedes venir a mi casa, a hacer la última.
Lo que vino después se puede contar, pero no lo haré. Lo guardo bien guardado, en la caja de “cosas bonitas, inesperadas, divertidas, entrañables, amables, sinceras y emocionantes” que todos tenemos en el cerebro, entre el lóbulo parietal y el frontal.
